Cuando no hay tiempo para prepararse
La diligencia de un varón que desea ser útil en la obra de Dios
Parábola inicial — El hombre que quería construir, pero nunca afilaba sus herramientas
Había un hombre que deseaba convertirse en un excelente carpintero. Miraba las obras de los maestros y decía:
—Algún día quiero construir como ellos.
Un maestro decidió ayudarlo. Le entregó herramientas, le enseñó cómo utilizarlas y cada semana le daba un pequeño ejercicio para que desarrollara sus habilidades.
Pero el hombre estaba muy ocupado.
Un día tenía que reparar su casa. Otro día debía atender asuntos de su trabajo. Después tenía compras pendientes, ropa por lavar, alimentos que preparar y muchas otras responsabilidades legítimas.
Cada vez que el maestro preguntaba por sus ejercicios, respondía:
—Quiero aprender, pero esta semana no tuve tiempo.
Pasaron los meses.
Un día surgió una obra importante y aquel hombre se ofreció diciendo:
—Yo quiero ayudar a construir.
El maestro lo miró con afecto y respondió:
—Tu deseo es bueno, pero querer construir no es lo mismo que estar preparado para construir.
El hombre miró entonces sus herramientas. Algunas nunca habían sido utilizadas; otras estaban sin filo.
Comprendió que el problema nunca había sido únicamente la falta de tiempo.
Durante mucho tiempo había deseado tener la capacidad del carpintero sin pasar por la disciplina del aprendiz.
Versículo clave
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”
2 Timoteo 2:15
Hay tres expresiones que merecen nuestra atención:
“Procura con diligencia.”
No habla de indiferencia, improvisación ni comodidad. Habla de esfuerzo consciente.
“Presentarte a Dios aprobado.”
Nuestra preparación espiritual no tiene como propósito principal satisfacer a un maestro, predicador, anciano o instructor. Finalmente nos presentamos delante de Dios.
“Obrero que no tiene de qué avergonzarse.”
Un obrero debe conocer aquello con lo que trabaja. Y el obrero de Dios debe aprender a manejar correctamente la Palabra de verdad.
1. El deseo de servir no reemplaza la preparación
Es hermoso encontrar hombres que digan:
“Quiero servir.”
“Quiero enseñar.”
“Quiero ayudar a la iglesia.”
“Quiero participar.”
“Quiero algún día ser diácono.”
“Quiero prepararme para servir como anciano.”
Pero existe una pregunta anterior:
¿Me estoy preparando para aquello que digo querer hacer?
La Escritura nunca presenta el liderazgo espiritual como el resultado exclusivo de tener buenas intenciones.
Pablo enseñó que un anciano debía ser:
“apto para enseñar”
(1 Timoteo 3:2)
Y también:
“retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.”
(Tito 1:9)
Esto requiere conocimiento.
Requiere estudio.
Requiere criterio.
Requiere experiencia.
Requiere carácter.
Requiere entrenamiento.
La iglesia no necesita simplemente hombres disponibles.
Necesita hombres preparados espiritualmente.
2. Un varón puede ser sincero y aun así no estar preparado
Debemos distinguir dos cosas:
tener buen corazón
y
estar capacitado para una responsabilidad.
Un hombre puede amar profundamente al Señor y todavía necesitar aprender mucho.
Puede ser fiel y todavía necesitar desarrollar capacidad para enseñar.
Puede tener buenas intenciones y todavía necesitar aprender a aconsejar.
Puede tener años dentro de una congregación y todavía necesitar profundizar en las Escrituras.
Por eso la formación no debe sentirse como una humillación.
Es precisamente lo contrario.
Formarse significa reconocer que queremos servir mejor.
Cuando alguien nos enseña, nos corrige, nos coloca ejercicios o nos invita a estudiar, no necesariamente está cuestionando nuestra espiritualidad.
Puede estar ayudándonos a convertir el deseo de servir en capacidad real para servir.
3. Todos tenemos responsabilidades legítimas
Aquí debemos ser equilibrados.
Hay hombres que trabajan largas jornadas.
Hay quienes tienen esposa e hijos.
Otros viven solos y deben cocinar, lavar, organizar su casa y atender personalmente muchas obligaciones.
Algunos preparan enseñanzas.
Otros tienen responsabilidades laborales extraordinarias.
Todo eso es real.
Y todo eso merece consideración.
La Biblia tampoco enseña irresponsabilidad familiar o laboral en nombre del estudio.
Pablo escribió:
“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.”
(Colosenses 3:23)
Un cristiano debe procurar ser responsable en todas las áreas de su vida.
Pero precisamente allí aparece una pregunta incómoda y necesaria:
¿Dónde queda nuestra preparación espiritual entre todas nuestras responsabilidades?
Porque si siempre queda para cuando sobre tiempo, normalmente nunca sobrará tiempo.
4. El tiempo para las cosas importantes normalmente no aparece: se aparta
Todos tenemos veinticuatro horas.
La diferencia muchas veces está en aquello que hemos aprendido a priorizar.
Para trabajar encontramos tiempo.
Para comer encontramos tiempo.
Para atender asuntos familiares encontramos tiempo.
Para compromisos importantes buscamos espacio.
Y hacemos bien.
Pero nuestra formación espiritual también debería llegar a ocupar un lugar consciente dentro de nuestra agenda.
Efesios 5:15-16 dice:
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo...”
No significa abandonar nuestras demás obligaciones.
Significa aprender a administrar nuestra vida de acuerdo con aquello que realmente consideramos valioso.
Quizá no podamos estudiar tres horas.
Pero podemos separar treinta minutos.
Quizá dos compañeros no puedan encontrarse físicamente.
Pero pueden organizar una llamada.
Quizá no puedan trabajar toda la actividad juntos.
Pero pueden dividirla, comparar respuestas y posteriormente conversar.
La dificultad requiere adaptación.
No necesariamente abandono.
5. Existe diferencia entre una dificultad y un patrón
Aquí debemos cuidarnos de juzgar precipitadamente.
Una semana complicada puede sucederle a cualquiera.
Una emergencia puede ocurrir.
Una carga laboral inesperada puede alterar nuestra planificación.
Una enfermedad familiar puede cambiar completamente nuestras prioridades.
Eso requiere comprensión.
Pero algo diferente ocurre cuando constantemente decimos:
“No tuve tiempo.”
“No pude estudiar.”
“No pude leer.”
“No pude preparar.”
“No pude reunirme.”
Si aquello se convierte en un patrón, quizá sea necesario preguntarnos:
¿Realmente me falta tiempo o todavía no le he dado suficiente prioridad a mi formación?
Proverbios 21:5 enseña:
“Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia...”
La diligencia no elimina nuestras dificultades.
Nos enseña a organizarnos dentro de ellas.
6. La formación de los varones no es un asunto pequeño
¿Por qué debería preocuparnos tanto?
Porque la iglesia necesita hombres capaces de asumir responsabilidades.
Hoy quizá estamos resolviendo un ejercicio sencillo.
Pero mañana puede presentarse una situación mucho más compleja:
Un matrimonio necesita consejo.
Una familia atraviesa una crisis.
Aparece una falsa doctrina.
Un hermano debe ser restaurado.
Surge un conflicto entre miembros.
Alguien pregunta qué enseña determinado pasaje.
Debe tomarse una decisión delicada.
Un joven necesita orientación.
Una congregación necesita hombres maduros que puedan discernir.
Ese día no será suficiente decir:
“Tengo buenas intenciones.”
Se necesitará conocimiento de las Escrituras.
Se necesitará sabiduría.
Se necesitará criterio.
Se necesitará dominio propio.
Se necesitará experiencia.
Se necesitarán hombres que hayan sido entrenados.
Por eso Pablo dijo a Timoteo:
“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”
(2 Timoteo 2:2)
Observe la secuencia:
Pablo → Timoteo → hombres fieles → otros.
La formación espiritual es generacional.
Cuando un hombre decide prepararse, no está invirtiendo solamente en sí mismo.
Está invirtiendo en aquellos a quienes algún día podrá ayudar.
7. Fidelidad e idoneidad deben caminar juntas
2 Timoteo 2:2 utiliza dos características extraordinariamente importantes:
Hombres fieles
pero también
hombres idóneos.
Podemos resumirlo así:
Fidelidad habla del carácter.
Idoneidad habla de capacidad.
La iglesia necesita ambas.
Un hombre muy preparado pero sin fidelidad puede causar enorme daño.
Pero un hombre muy fiel que nunca se preocupa por capacitarse estará limitado para determinadas responsabilidades.
Por eso nuestra meta debería ser:
Carácter + conocimiento + experiencia + diligencia.
No estudiamos para sentirnos superiores.
Nos preparamos para ser útiles.
8. No confundamos gracia con falta de responsabilidad
Debemos ser pacientes unos con otros.
Debemos comprender circunstancias.
Debemos ayudarnos.
Debemos evitar convertir una tarea en una medida absoluta de espiritualidad.
Pero comprensión tampoco significa eliminar toda responsabilidad.
Hebreos 6:11-12 expresa este deseo:
“Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin... a fin de que no os hagáis perezosos...”
Una comunidad espiritual saludable puede decir simultáneamente:
“Comprendo tu dificultad.”
y también:
“Necesitamos crecer en diligencia.”
Una afirmación no elimina la otra.
9. La pregunta no es cuánto tiempo tenemos, sino qué hombre queremos llegar a ser
Cada pequeña disciplina está formando algo dentro de nosotros.
Cuando estudiamos aunque estemos cansados, desarrollamos constancia.
Cuando cumplimos un compromiso, desarrollamos responsabilidad.
Cuando trabajamos junto con otro hermano, desarrollamos cooperación.
Cuando aceptamos corrección, desarrollamos humildad.
Cuando investigamos una respuesta en lugar de improvisarla, desarrollamos criterio.
Cuando aprendemos a manejar correctamente las Escrituras, desarrollamos capacidad espiritual.
Por eso una tarea puede parecer pequeña.
Pero aquello que está formando puede ser muy grande.
Conclusión — Afilar hoy las herramientas que necesitaremos mañana
Quizá ninguno de nosotros tenga tiempo de sobra.
Siempre habrá trabajo.
Siempre habrá responsabilidades familiares.
Siempre habrá asuntos domésticos.
Siempre aparecerán imprevistos.
Por eso la formación espiritual difícilmente ocurrirá simplemente “cuando tengamos tiempo”.
Debemos hacerle espacio.
Y debemos hacerlo no por cumplir con un hombre ni por obtener reconocimiento.
Lo hacemos porque queremos presentarnos delante de Dios como obreros preparados.
No debemos avergonzar al hermano que alguna vez no pudo cumplir.
Tampoco debemos medir toda su espiritualidad por una tarea.
Pero igualmente debemos evitar que nuestras circunstancias se conviertan permanentemente en una explicación para no crecer.
Una dificultad ocasional necesita comprensión.
Una negligencia persistente necesita corrección.
Y un hombre que desea llegar a ser útil en la iglesia necesita comprender algo fundamental:
La responsabilidad espiritual que mañana deseamos asumir requiere la preparación que hoy estamos dispuestos a recibir.
Volvamos entonces a las palabras de Pablo:
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado...”
(2 Timoteo 2:15)
Quizá hoy solamente estamos haciendo un ejercicio.
Pero Dios puede estar utilizando ese pequeño ejercicio para formar al hombre que mañana enseñará, aconsejará, protegerá, consolará y ayudará a conducir correctamente a su pueblo.
No despreciemos el tiempo de preparación.
El obrero que algún día necesitará la iglesia se está formando hoy.
Preguntas de reflexión
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¿Deseo realmente prepararme para servir a la iglesia, o solamente me gusta la idea de servir?
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¿Qué lugar ocupa actualmente mi formación bíblica dentro de mis prioridades?
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Cuando digo “no tengo tiempo”, ¿se trata de una dificultad excepcional o se está convirtiendo en un patrón?
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¿Estoy esperando encontrar tiempo para estudiar o estoy aprendiendo a apartarlo?
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¿Qué responsabilidades espirituales quisiera poder asumir dentro de cinco o diez años?
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¿Estoy preparándome hoy para tener la capacidad necesaria cuando llegue ese momento?
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¿Soy solamente fiel, o estoy procurando también convertirme en un hombre idóneo para enseñar y ayudar a otros? (2 Timoteo 2:2)
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¿Cómo reacciono cuando alguien me corrige, me coloca una responsabilidad o me exige mayor preparación?
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¿Qué ajustes concretos podría hacer esta semana para dedicar tiempo serio a mi formación espiritual?
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Si todos los varones de la congregación tuvieran mi mismo nivel de diligencia en su preparación, ¿qué clase de liderazgo tendría la iglesia dentro de algunos años?
Pensamiento final
No nos preparamos porque hoy tengamos un cargo. Nos preparamos porque queremos estar listos cuando la iglesia necesite hombres capaces, fieles y maduros para servir.