¿SERÉ VALIENTE PARA DEFENDER LA VERDAD, O COBARDE PARA ABANDONARLA?
He visto y he pensado en algo que me preocupa profundamente: cómo algunos cristianos, cuando llegan las pruebas, las dificultades, las críticas o los conflictos por defender la verdad, terminan desanimándose y, en algunos casos, renunciando a servir a Dios.
Y esto me lleva a examinar mi propia vida. ¿Qué haré yo cuando defender la verdad me cueste mi tranquilidad, mis amistades o incluso el aprecio de mis propios hermanos? ¿Seguiré firme o buscaré el camino más fácil?
Definitivamente, debo ser valiente y no cobarde. No puedo pretender seguir a Cristo solamente cuando todo marcha bien, cuando nadie me contradice o cuando obedecer su palabra no representa ningún sacrificio.
Jesús nunca prometió una vida libre de dificultades. Al contrario, dijo: «En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo» (Juan 16:33).
También recuerdo las palabras de Pablo: «Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución» (2 Timoteo 3:12).
Por eso entiendo que las pruebas no son una razón para abandonar al Señor. Son ocasiones en las que mi fe es examinada. ¿De qué sirve afirmar que amo la verdad si estoy dispuesto a abandonarla cuando defenderla se vuelve difícil?
Me impresiona especialmente lo que dice Apocalipsis 21:8. Allí aparecen los cobardes entre aquellos cuya parte será en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. ¡Qué advertencia tan seria! No debo tomar a la ligera estas palabras.
No quiero confundir la valentía con la arrogancia, ni la firmeza con la falta de amor. Puedo defender la verdad con mansedumbre y respeto, pero jamás debo negociar lo que Dios ha enseñado para evitar el rechazo de los hombres (Efesios 4:15; Gálatas 1:10).
También debo recordar que sentir temor no me convierte automáticamente en un cobarde. La cobardía se manifiesta cuando permito que ese temor me lleve a negar a Cristo, abandonar su palabra o dejar de hacer lo correcto.
El Señor dijo: «Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10). No dijo que fuera fiel solamente mientras las circunstancias me favorecieran.
El reino de Dios exige decisión, esfuerzo, perseverancia y fidelidad. No puedo esperar recibir la corona si abandono la carrera cuando aparecen las dificultades.
Por eso, antes de cuestionar a quienes han retrocedido, debo examinarme a mí mismo. ¿Estoy preparado para permanecer fiel aunque tenga que sufrir por causa de la justicia?
Definitivamente, no quiero ser un cristiano de conveniencia, que sirve a Dios solamente cuando todo resulta fácil. Quiero tener la firmeza de aquellos que, aun siendo perseguidos, pudieron decir: «Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hechos 5:29).
Prefiero sufrir por defender la verdad que disfrutar de una tranquilidad comprada al precio de mi fidelidad a Dios.
Y debo recordar siempre que no basta con comenzar bien. Es necesario permanecer fiel hasta el final, porque el Señor ha prometido: «El que venciere heredará todas las cosas» (Apocalipsis 21:7).
¡Que Dios me ayude a ser valiente para obedecer su palabra, firme para defender su verdad y perseverante para no abandonar jamás a Cristo!