MI MAYOR ANHELO ES VER A MIS HIJOS EN EL CIELO
Nunca pensé que llegaría el momento de experimentar tanto temor, angustia e incertidumbre al ver a uno de mis hijos relacionarse con personas que no creen en Dios o cuya fe es muy débil.
No puedo negarlo, he sentido miedo, incluso pánico, al pensar en la posibilidad de que mis hijos algún día se aparten del camino del Señor. Como padre, pocas cosas me preocupan tanto como SU DESTINO ETERNO.
He tenido conversaciones profundas con ellos. Les he dicho que nunca permitan que una amistad, una relación sentimental o cualquier persona ocupe el lugar que solamente le corresponde a Dios. Porque, como advierte Pablo: «No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres» (1 Corintios 15:33).
También recuerdo las palabras de Salomón: «Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas»(Proverbios 1:10).
Sin embargo, he comprendido algo que me confronta profundamente: puedo enseñarles la verdad, aconsejarlos, advertirles y darles ejemplo, pero no puedo tomar por ellos la decisión de permanecer fieles a Dios.
Y eso me hace pensar en 3 Juan 4: «No tengo yo mayor gozo que este, el oír que mis hijos andan en la verdad».
¡Cuánto anhelo experimentar ese gozo!
No me preocupa solamente que mis hijos tengan una profesión, estabilidad económica o una vida llena de éxitos. Todo eso pierde su valor si finalmente pierden su alma. Jesús preguntó: «¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?» (Mateo 16:26).
Hoy comprendo mejor mi responsabilidad como padre. No debo permitir que el miedo me paralice ni que la angustia me lleve a actuar sin sabiduría. Debo seguir enseñándoles con amor, hablando con ellos, escuchándolos, orando por ellos y, sobre todo, procurando ser un ejemplo de fidelidad.
Me aferro a las palabras de Proverbios 22:6: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él». Entiendo que este proverbio destaca el valor de la formación, sin eliminar la responsabilidad personal de cada hijo.
Mi mayor anhelo no es simplemente ver a mis hijos triunfar en esta vida. Mi mayor anhelo es que, cuando nuestra vida en esta tierra termine, podamos encontrarnos en la presencia de Dios.
Y mientras tenga vida, seguiré recordándoles algo que nace de lo más profundo de mi corazón:
Hijos, nunca abandonen a Dios por nadie. No hay persona, amor, amistad ni éxito en este mundo que valga más que la salvación de sus almas.
«Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida» (Apocalipsis 2:10).