Puedes Vencer la Masturbación
Quiero hablar contigo con mucho cariño y, al mismo tiempo, con toda la sinceridad que merece este tema. Sé que durante la juventud las tentaciones pueden ser muy fuertes. Tal vez estés luchando con la masturbación y sientas vergüenza, culpa o incluso pienses que nunca podrás vencer este hábito. Si ese es tu caso, quiero que sepas que no estoy aquí para condenarte, sino para recordarte lo que Dios dice y animarte a levantarte.
La Biblia nos enseña que debemos hacer morir todo aquello que alimenta los deseos pecaminosos. Pablo escribió: «Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos...» (Colosenses 3:5). Dios no te llama a convivir con el pecado, sino a luchar contra él.
Quizá hayas escuchado que esta práctica no tiene importancia, pero quiero invitarte a mirar este asunto desde la perspectiva de Dios. El problema no es solamente un acto externo; comienza en el corazón. Cuando permitimos que los deseos gobiernen nuestra vida, poco a poco dejamos que ocupen el lugar que solo Dios debe tener. Por eso, más que buscar una satisfacción momentánea, necesitas cultivar un corazón que ame al Señor por encima de cualquier impulso.
Ahora bien, si ya has caído muchas veces, no permitas que Satanás te convenza de que ya no hay esperanza para ti. La Palabra de Dios dice: «Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo» (1 Juan 2:1). Observa el equilibrio de este versículo: Dios no aprueba el pecado, pero tampoco abandona al pecador arrepentido. Él te invita a levantarte y comenzar de nuevo.
Quiero animarte también a cuidar aquello que alimenta tus pensamientos. Pregúntate con sinceridad: ¿Qué estoy viendo? ¿Qué escucho? ¿Qué contenido permito que entre a mi mente cada día? Muchas tentaciones comienzan mucho antes del pecado visible. El salmista oró diciendo: «Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en tus caminos» (Salmo 119:37). Esa debe ser también tu oración.
No basta con intentar dejar un mal hábito; necesitas llenar tu mente de lo bueno. Filipenses 4:8 nos enseña a pensar en todo lo verdadero, honesto, justo, puro y amable. Cuando ocupas tu mente con la Palabra de Dios, la oración y actividades que edifican tu fe, las tentaciones pierden fuerza. No será una batalla que ganarás en un solo día, pero cada decisión de obedecer fortalece tu carácter.
Y si hoy te sientes desanimado porque has fallado muchas veces, recuerda esta promesa: «Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse» (Proverbios 24:16). La diferencia no está en no caer nunca, sino en no quedarse en el suelo. Cada vez que tropieces, vuelve al Señor con un corazón arrepentido, pide Su ayuda y continúa luchando. Él conoce tu debilidad y tiene misericordia de quienes le temen (Salmo 103:13–14).
Quiero dejarte un último consejo. No luches solo. Si esta batalla se ha convertido en un hábito que no puedes vencer, busca la ayuda de un padre, una madre o un cristiano maduro que ame al Señor y pueda acompañarte con oración y sabiduría. La humildad para pedir ayuda puede ser el comienzo de una gran victoria espiritual.
Mi deseo es que recuerdes siempre esto: Cristo no solamente perdona tus pecados, sino que también puede transformar tu corazón. Él puede darte el dominio propio que necesitas para vivir una vida santa y agradable a Dios.
Para reflexionar
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¿Qué cosas estoy permitiendo que alimenten esta lucha en mi corazón?
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¿Estoy buscando verdaderamente la ayuda de Dios o intento vencer esta batalla únicamente con mis fuerzas?
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¿Hay una persona madura en la fe con quien necesito hablar para comenzar un camino de restauración?
Aplicación práctica
Hoy dedica unos minutos a orar con total sinceridad delante de Dios. Lee Colosenses 3:5, Salmo 119:37 y Filipenses 4:8. Después, identifica una fuente de tentación que puedas eliminar de tu vida esta misma semana y toma la decisión de hacerlo. Si esta lucha ha persistido por mucho tiempo, habla con un padre, una madre o un hermano fiel en Cristo para que ore contigo y te anime a permanecer firme.
Referencias bíblicas
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Colosenses 3:5.
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1 Juan 2:1.
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Salmo 119:37.
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Filipenses 4:8.
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Proverbios 24:16.
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Salmo 103:13–14.